lunes, 26 de septiembre de 2011



maginemos que la Historia fuera el campo de batalla donde las fuerzas del mal, aliadas con la naturaleza y la ciencia más abyecta, luchan por la supremacía y salen victoriosas.

Imaginemos que sólo un sombrío personaje, el inquisidor Nicolás Eymerich, tan íntegro y valeroso como fanático e intolerante, fuera capaz de oponérseles.

Imaginemos aguas milagrosas, capaces de conferir la inmortalidad, y que el superhombre ario, el viejo sueño nazi, barriera Europa en regimientos compactos e invencibles.

Imaginemos, por unas horas, tan sobrecogedora visión...

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