domingo, 22 de diciembre de 2013



En un mundo presidido por la estupidez todo es posible. Antonio Real nos traslada con su Manifiesto a unas realidades en las que la línea que separa lo cotidiano de lo asombroso es difusa, presentando situaciones y personajes suficientemente absurdos como para poder sonreírnos con lo ridículo de sus leyes y costumbres, pero también suficientemente cercanos como para hacernos pensar que quizá estemos ante otra cara de nuestra propia existencia.

Sin duda, la estupidez humana no tiene límites ni cura. Por suerte, existen remedios caseros, como este Manifiesto, que ayudan a paliar sus efectos con una sonrisa, mucha imaginación y algo de sensatez.

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